Warning: Creating default object from empty value in /home/edupor1/jpfeinmann.com/components/com_k2/models/item.php on line 520
Ni el tiro del final

Primer Capítulo

Señoras, señores, o lo que ustedes sean o crean ser, buenas noches. Comprendo que estén algo distraídos, que no se hayan dado cuenta todavía de que yo estoy aquí, sentado en este taburete, frente a este triste piano, dispuesto a ganarme el pan de este día prostituyendo aquello que alguna vez fue la más intensa pasión de mi vida. Pero las cosas, salvo para algunos magníficos privilegiados, son así: uno nunca termina por ser aquello que soñó, sino -justamente- su caricatura. Bueno, están viendo la mía. Yo, aquí, hablándoles mientras los veo tomar, reírse con la mirada extraviada o dejarse despellejar por las esbeltas y habilidosas señoritas que se han conseguido para esta noche, yo, les decía, soy mi más triste, deforme, horrenda caricatura. Yo, que soñé con ser Horowitz o Dinu Lipatti.
Claro, casi nada. Con sueños así, dirán ustedes, ¿quién no termina sintiéndose un fracaso? Y es natural que piensen de este modo. Porque ustedes jamás han de haberse propuesto algo realmente grande en la vida. Jamás, estoy seguro, imaginaron un camino distinto al que ya les habían trazado. Abogados hijos de abogados, arquitectos hijos de arquitectos, dentistas hijos de dentistas, contadores públicos nacionales hijos de contadores públicos nacionales, y así hasta el infinito. Con algunas variantes quizá, no lo niego. Por ejemplo: algún dentista hijo de un abogado, o algún arquitecto con papá contador. Pero lo mismo todos: buenos hijos, obedientes, escuela primaria, día del maestro, día de la raza, himno a Sarmiento, bachillerato, estudiantes alcemos la bandera, universidad, diploma colgado en la pared del estudio o del consultorio, y chau, se acabó: después a ganar pleitos, a sacar muelos o a construir gallineros con aire acondicionado. Buenos hijos, todos ustedes. Los reconozco.
Y de tanto en tanto, como hoy, se vienen a lugares como éste. Porque no se que imaginarán estar haciendo aquí, pero les aseguro que nada original. También esto estaba planeado. Tambien los papis de ustedes, con excusas cuyo ingenio no voy a poner en duda, venían a Mar del Plata con sus amantes, o las buscaban aquí, con la mirada ansiosa y la chequera en mano. También ellos.
Pero un momento: déjenme terminar mi whisky. Ya está. Ahora lo pongo aquí, sobre el piano. Y enciendo un cigarrillo. Qué tal ¿No parezco realmente seguro, ingenioso y desenfadado? Espero que sí, porque es mi primera noche de trabajo y no desearía que fuese la última. Dicen que el dueño de este lugar infernal es terrorífico cuando se enoja. En consecuencia, caballeros, tengo que cuidarme.
Pero volvamos a lo de antes. Y no es que quiera ofenderlos, no, sino apenas obligarlos a ver algo de la realidad. Que yo no soy Horowitz, por ejemplo, y que ustedes no son sino la aburrida repetición de modelos nada originales. Plagiadores de plagiarios, eternamente condenados a ser lo que los otros decidieron que fueran. Aunque hay algo, sin embargo, sobre lo que pueden estar tranquilos: las utilísimas vidas que están viviendo jamás serán azotadas por los vendavales del dolor, la inseguridad, la neurosis o la locura. Jamás, puedo jurarlo. Como tambien puedo jurar que nunca -pero realmente:nunca- llegarán a transformar en eterno algún instante de esas vidas.
Otro whisky, por favor. Como ven, el servicio es eficiente aquí. Pero el whisky es nacional, al menos el que me dan a mí.
Mi nombre es Ismael Navarro. Me contrataron para tocar el piano, y voy a tratar de cumplir. Eso sí: no sé si me van a permitir continuar hablando, decisión que -sospecho- queda en manos del malhumorado dueño de este sitio, pero les aseguro que lo voy a intentar.
Y ahora, señoras y señores: iaplausos, por favor! No, todavía no. Shhhhhh. Todavía no, dije. Les quiero explicar: no estoy solo aquí. Me acompaña una cantante, por decirlo de alguna manera. Es rubia, espigada, bonita, ignoro si muy inteligente pero magnificamente tostada por el sol. Es también (y lo digo para evitar que se esfuercen en imaginar cosas) mi amante. Se llama Susy Rivas (original, ¿no?) y aquí está: adelante, querida.
Aplausos, señoras, señores! No la escucharon todavía, pero no pueden negar que es bonita. Otro whisky, por favor. Gracias. Ahora sí, ya podemos empezar.
Pero antes, algo más. Susy siempre empieza cantando la misma canción: Entró el amor. O Love walked in, si lo prefieren. Es una canción de Gershwin, la última que escribió, exactamente un día antes de morir. Bueno, siempre pensé que si Gershwin llegara a escuchar a Susy cantar su canción, no esperaría ni siquiera un día para morirse.
Bien, señoras y señores, esto es todo. El espectáculo comienza. Susy Rivas e Ismael Navarro interpretan para ustedes Love walked in.
Y que Gershwin nos perdone.

< volver